Los dos jóvenes y el repostero

Un día, dos jóvenes entraron en una pastelería fingiendo que querían comprar algo. Mientras el pastelero estaba ocupado atendiendo a otros clientes, uno de ellos aprovechó para robar un pedazo de carne y esconderlo en el bolsillo de su compañero.

El pastelero se dio cuenta del robo y les acusó de haberle quitado la carne. Los jóvenes se defendieron negando el hecho y jurando por Júpiter, el dios supremo. El que había robado la carne juró que no tenía nada que ver, y el que la tenía en su bolsillo juró que no la había cogido.

El pastelero les dijo: – Yo no sé quién de vosotros es el ladrón, pero Júpiter, por quien habéis jurado, lo sabe muy bien.

Un pastelero muestra los pasteles a dos niños

La moraleja: Los dos jóvenes y el repostero

Es que no debemos cometer delitos ni mentir, porque, aunque podamos engañar a los hombres, no podemos engañar a los dioses. Los dioses ven todo lo que hacemos y nos juzgan según nuestra conducta.

La fábula también nos muestra cómo el juramento falso es una ofensa grave a los dioses, que pueden castigar a los que lo hacen. La fábula nos advierte de que no debemos abusar del nombre de los dioses para encubrir nuestras faltas, sino que debemos ser fieles a nuestra palabra.

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