Los dos perros, fábulas con su moraleja

Un hombre tenía dos perros: uno para cazar y otro para cuidar la casa. El perro cazador salía con su amo al campo y le ayudaba a atrapar presas. El perro guardián se quedaba en casa y vigilaba que nadie entrara a robar. El perro cazador se sentía orgulloso de su trabajo y despreciaba al perro guardián, al que consideraba un holgazán y un inútil.

Un día, el perro cazador le dijo al perro guardián:

  • ¿Qué haces todo el día aquí, tumbado y ladrando? ¿No te da vergüenza vivir de lo que yo te traigo? Yo soy el que trabaja duro y se arriesga por nuestro amo. Tú eres un parásito que solo sabe comer y dormir.

El perro guardián le respondió:

  • No seas tan arrogante, amigo. Tú y yo tenemos funciones diferentes, pero igualmente importantes. Yo protejo la casa y los bienes de nuestro amo, mientras que tú le procuras alimento y diversión. Ambos le servimos con fidelidad y lealtad. No hay motivo para que nos peleemos ni nos envidiemos.

El perro cazador no quiso escuchar al perro guardián y siguió burlándose de él. Pero un día, sucedió algo que le hizo cambiar de opinión. Un ladrón entró en la casa aprovechando que el amo estaba ausente y el perro guardián se lanzó sobre él con furia. El ladrón, asustado, soltó lo que había robado y salió corriendo. El perro guardián persiguió al ladrón hasta la calle, donde se encontró con el perro cazador, que volvía de una jornada de caza.

El perro cazador vio al ladrón huir y al perro guardián ladrar y se dio cuenta de que había subestimado el valor de su compañero. Se acercó a él y le dijo:

  • Perdona, amigo, por haberte tratado tan mal. Ahora veo que tú también eres un héroe y que mereces mi respeto y mi admiración.

El perro guardián aceptó sus disculpas y le dijo:

  • No te preocupes, amigo. Todos podemos equivocarnos alguna vez. Lo importante es reconocer nuestros errores y aprender de ellos.

Los dos perros se abrazaron y se hicieron amigos. Desde entonces, vivieron en armonía y colaboraron para servir a su amo.

Los dos perros

La moraleja de esta fábula es:

No juzgues a los demás por su apariencia o por su trabajo. Respeta las habilidades y las virtudes de cada uno. La unión hace la fuerza.

Mostrar comentarios

No hay comentarios

Deja un comentario