Los cuatro bueyes

Dos bueyes vivían en una granja y trabajaban juntos en el campo. Eran amigos y se ayudaban mutuamente. Uno de ellos era grande, fuerte y joven. El otro era pequeño, débil y viejo. El dueño de la granja los trataba bien y les daba suficiente comida y agua.

Un día, el dueño de la granja decidió vender al buey viejo y quedarse solo con el joven. Pensó que así ahorraría dinero y tendría más beneficios. Llevó al buey viejo al mercado y lo vendió a un carnicero. El buey joven se quedó solo en la granja.

El buey joven pensó que era una buena oportunidad para él. Se dijo a sí mismo:

  • Ahora soy el único buey de la granja. Tendré más espacio, más comida y más atención. No tendré que compartir nada con nadie. No tendré que soportar el peso ni el ritmo del buey viejo. Seré más libre y más feliz.

Pero pronto se dio cuenta de que se había equivocado. El dueño de la granja le exigía más trabajo y más esfuerzo. Le ponía un arado más pesado y le hacía recorrer más terreno. Le daba menos comida y menos agua. Le pegaba y le gritaba si se cansaba o se retrasaba.

El buey joven se sintió muy triste y muy solo. Extrañaba al buey viejo y se arrepentía de haberse alegrado de su partida. Se dijo a sí mismo:

  • ¡Qué tonto fui! Perdí a mi mejor amigo y a mi mejor compañero. Él me aliviaba la carga y me animaba el ánimo. Él me enseñaba con su experiencia y su bondad. Él me hacía más fácil y más agradable la vida.

La moraleja de esta fábula es:

No te alegres del mal ajeno ni seas egoísta con tus amigos. Valora lo que tienes y cuida lo que quieres. La amistad es un tesoro que no tiene precio.

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