El árbol y la caña

Había una vez un árbol muy alto y orgulloso, que se alzaba sobre el resto de las plantas. Era un roble majestuoso, con un tronco grueso y una copa frondosa. Desde su altura, podía ver todo el paisaje y se sentía superior a los demás.

Un día, una fuerte tormenta azotó el lugar, y el árbol se burló de una caña que se doblaba con el viento. La caña era una planta delgada y flexible, que crecía junto a un arroyo. No tenía hojas ni flores, solo unos tallos verdes que se movían con facilidad.

  • ¡Mira cómo te agitas con cada ráfaga! -le dijo el árbol-. ¡Qué débil y miserable eres! Yo, en cambio, soy firme y resistente. Nada puede derribarme.
  • No seas tan arrogante -le respondió la caña-. El viento no me hace daño, porque sé ceder y adaptarme. Tú, en cambio, eres rígido e inflexible. Tarde o temprano, el viento te romperá.

El árbol se rio de las palabras de la caña y siguió desafiando al viento con su altivez. Pero la tormenta se hizo más violenta, y el viento sopló con tanta fuerza que arrancó al árbol de raíz, dejándolo caer al suelo. La caña, en cambio, se recuperó de su flexión y siguió en pie.

  • ¿Qué te ha pasado, amigo? -le preguntó una ardilla que vivía en el árbol-. ¿Cómo es que el viento te ha tumbado?
  • No lo sé -respondió el árbol, triste y avergonzado-. Creía que era el más fuerte y el más bello, pero el viento me ha demostrado lo contrario.
  • Lo siento mucho -dijo la ardilla-. Yo también he perdido mi hogar por tu culpa. Ahora tendré que buscar otro árbol donde vivir.
  • Y yo tendré que buscar otro lugar donde crecer -dijo una semilla que había caído del árbol-. Espero encontrar un sitio donde no haya tanto viento.
  • Tal vez deberíais aprender de la caña -les dijo una voz-. Ella sabe cómo sobrevivir al viento sin perder su esencia
  • ¿Quién eres? -preguntaron el árbol, la ardilla y la semilla.
  • Soy el viento -respondió la voz-. Y os he enseñado una lección que no olvidaréis. No hay que presumir de lo que se tiene, ni despreciar a los que son diferentes. A veces, la humildad y la adaptación son más valiosas que la fuerza y la rigidez.

Ilustración de la fábula de Esopo: El árbol y la caña

Moraleja de la fábula de Esopo: El árbol y la caña

No hay que presumir de lo que se tiene, ni despreciar a los que son diferentes. A veces, la humildad y la adaptación son más valiosas que la fuerza y la rigidez.

Que nos enseña la fábula la caña y el árbol

La fábula de Esopo el árbol y la caña nos enseña una lección moral sobre la importancia de la humildad y la adaptación frente a la arrogancia y la rigidez. El árbol representa a las personas que se creen superiores a los demás y que no aceptan sus propias limitaciones. La caña representa a las personas que saben reconocer sus debilidades y que se adaptan a las circunstancias sin perder su identidad. El viento representa a las dificultades y los cambios que se presentan en la vida. La moraleja es que no hay que presumir de lo que se tiene, ni despreciar a los que son diferentes. A veces, la humildad y la adaptación son más valiosas que la fuerza y la rigidez.

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